martes, 27 de junio de 2017

CAPÍTULO 30 PARTE 3 SOMBRAS EN LA OSCURIDAD

Una semana más, un nuevo capítulo de "La historia de la ciudad sin árboles"

Miles de gracias por visitar el blog cada día. Me alegra ver que la novela por entregas está teniendo una muy buena acogida entre el público.




-Buenas noches- dijo tranquilamente.

-El padre de Marta- dijo en un hilo de voz, clavando su cansada mirada en el detective y mirándolo de abajo arriba, como si analizase un libro nuevo que acabase de comprar o de recibir para su futura venta.

-Veo que llego en un momento tranquilo- El detective acompañó a sus amables palabras el gesto de mirar a su alrededor sutilmente, solo con un gesto de los ojos. -¿Podría hacerle unas preguntas?

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¿Una? En realidad tenía bastantes preguntas que hacer a la propietaria de la librería. En su corto trayecto en taxi había recordado las palabras de Marcos cuando se encontraba sumergido en las fiebres y penumbras de sus últimas horas de vida, haciendo alusión a la propia Lucia y su librería. Pero ¿Qué querría decir el chico al nombrar a esa mujer? ¿Qué relación existía entre Lucia, Marcos, la planta y Pedro el informático? ¿Fue todo casualidad? ¿Fue todo resultado de la altísima fiebre?

-Por supuesto- Lucia mostró una bonita sonrisa tras unos segundos de silencio al escuchar la voz del detective. Unos segundos en los cuales, R sospechó que le pondría alguna excusa para evitar preguntas incomodas. En cierto modo podría recibirlas, ya que guardaba en el sótano de su establecimiento la única planta que con toda seguridad existía en la ciudad desde hacía muchísimos años. Pero la mujer no solo no puso ninguna excusa, sino que incluso a R le pareció notar un toque incluso de…

-¿Qué tal Marta? Me contó lo de Marcos. Fue…algo terrible.

Lucia guardó el cuaderno bajo el mostrador y a continuación lo rodeó acercándose al detective. Pero pasó de largo, con un paso lento, seguro. Dio la vuelta al cartel que colgaba de la puerta con el letrero de CERRADO Y ABIERTO, dejando CERRADO hacia la parte de fuera y bajó la persiana. Todo bajo la atenta mirada de R, que sostenía en silencio el sombrero con ambas manos.

-¿Podría decirme que relación tenía con Marcos?- El detective hizo la pregunta pasados unos segundos y avanzando un par de pasos para detenerse después en medio del establecimiento.

-¿Relación?- Lucia lo miró un instante mostrando una ligera sonrisa. Por un instante se filtró en su mente la imagen de ella misma abierta de piernas completamente desnuda y encima del joven, de su rostro. Sintiendo un placer extremo.- Era un buen cliente. Aunque llevaba un tiempo sin venir. Yo era seguidora de su blog. Me gustaba lo que escribía.

El detective memorizó lo del blog de Marcos.

-¿Sobre qué escribía?- Preguntó por mera curiosidad el detective.

-Le gustaba el terror, el mundo vampírico…ya sabe.

-Entiendo- murmuró mirando un instante su sombrero. Levantó de nuevo la mirada hacia la propietaria de la librería. -¿Puede explicarme lo de la planta en el sótano?- Hizo la pregunta a la vez que movía la cabeza hacia la entrada a la trastienda justo en el momento que decía la palabra “sótano”. Y vio como le cambió el tono de la piel a la mujer. Por un instante estuvo tentado de acudir en su ayuda, ya que parecía que la mujer podría perder el sentido y el equilibrio a la vez.

-Investigo la muerte de Pedro, un informático que vivía a las fueras de la ciudad- R continuó con su trabajo. Para eso le pagaba Ana Moore. Claro que, si la propietaria del establecimiento no conocía ese detalle él no le diría que el tal Pedro era la pareja sentimental de la escritora.- Fue asesinado hace unos días. Posiblemente por tener la misma maceta que usted tiene ahora en su sótano.

Lucia se removió un poco nerviosa. Miró al detective a los ojos a la vez que parecía no saber muy bien qué hacer con sus brazos, si cruzarlos sobre el pecho, si esconderlos en su espalda…


-Voy a tenerle que pedir que abandone mi local- Fue la nerviosa respuesta de Lucia, que volvió junto a la puerta y la abrió, con algo de dificultad como pudo comprobar R al ver el ligero temblor de sus dedos. –Vallase por favor.- En esta segunda frase, el tono no fue tan contundente, tan exigente. En esta ocasión dejó escapar un tono de ruego, con voz baja, a la vez que su intensa pero asustada mirada se clavaba en el hombre.


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