martes, 6 de diciembre de 2016

CAPÍTULO 18 PARTE 3 REVELACIONES

R guardó silencio unos instantes. Bajo la atenta mirada de su hija se incorporó de la mesa y dio cortos paseos por el destartalado y destemplado salón. Miró un instante sin dejar de andar a Marcos, que continuaba dormido en el sofá. 

Miró igualmente a Marta. Intentó imaginarse a la pareja. No conocía al chico así pues tampoco podía juzgar. Pero le costaba bastante esfuerzo imaginárselos como pareja. Ahora llevaba metidas las manos en los bolsillos del pantalón. Tenía que reconocer que la chica sabía ya bastante más que él. Se había encargado de hacer entrevistas a personas cercanas a Ana, la amante, novia o lo que fuese del informático, incluso había ido a la empresa para la que trabajaba Pedro, pero no terminaba de tener o sacar nada en claro. Y ahora descubría que por algún extraño motivo Eva no le había dicho la verdad. Si es que ella tampoco… no, esa idea la desechó enseguida molesto consigo mismo. Ella era la forense. Tenía que saber el verdadero motivo de la muerte. Se sintió algo tonto.

http://tattoos-soniagcar.blogspot.com.es/


-¿Quién te ha dicho lo de los mordiscos? ¿Y lo de que no murió por los disparos?- R volvió a sentarse a la mesa frente a su hija.

-Tengo mis fuentes. Lo siento.- La chica era realmente inteligente. R se sintió muy orgulloso de la inteligencia que mostraba.

-De acuerdo- asintió el detective- ¿Motivo? Tendría que existir un motivo.

-No lo sé.- Marta se encogió de hombros, mirando de manera seria al detective. 

El cual, guardando silencio durante unos instantes, decidió que era el momento de que la chica conociese el motivo por el que el informático lo llamó. Pero antes se incorporó de la mesa y pidió a su hija que le siguiese. Se acercaron al sofá donde dormía Marcos. R se agachó. En silencio buscó el cuello del joven. Marta lo ayudó y movió con cuidado el cuerpo. 

En el cuello, vieron dos pequeños pinchazos muy parecidos a los que R había descubierto en el cuello de Pedro. Solo que estos tenían un aspecto como de estar desapareciendo. Como dos pequeñas heridas que empiezan a curar. El detective lo observó sin llegar a tocarlo. Notó como el cuerpo del chico desprendía un ligero olor a podrido. Finalmente regresaron a la mesa.

-El motivo es una maceta. Una planta, con un intenso color verde muy vivo.- R asintió con la cabeza, descubriendo entonces como los ojos de su hija se abrían como platos ante él. Mostrando a partes iguales asombro y perplejidad como ingenuidad.

-¿Qué?

-Pedro el informático acudió a mí un día antes de su muerte- Empezó a explicar R- Alguien, al que nunca llegó a ver, le dejó en su casa una maceta. Una planta. El pobre desgraciado estaba asustado, y acudió a mí.

R no podía continuar sentado. Su mente intentaba asimilar todo aquel embrollo que parecía rodear la muerte de aquel informático y ahora también la extraña situación del ex de su hija. Marcos gimoteó desde el sofá. R no le miró. Daba pequeños paseos de apenas tres pasos, para luego girar y volver a repetir la acción. 

Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la mirada clavada en sus propios zapatos. Pero Marta se acercó a su ex. Sudaba en exceso. Le limpió la frente con un nuevo paño húmedo. En la mesa de centro, había dejado un pequeño barreño con agua limpia y varios paños, igualmente limpios. El chico temblaba, exactamente igual que lo había hecho desde que ella lo encontrase en el cuarto de baño. Mantenía los ojos cerrados, por culpa de unos parpados que pesaban como losas de mármol. Entonces, con bastante dificultad, murmuró algo que Marta apenas llegó a entender. Pasando una vez más un paño húmedo por la frente, y acercando su rostro al del joven le pidió en voz baja que lo repitiese. Marcos, entre temblores y sudores dijo dos palabras que tanto a Marta como a su padre que en ese momento se había acercado al sofá no les eran desconocidas.

-Lucia…librería…- Fueron las palabras del joven.


Marta porque conocía personalmente a Lucia. Y R porque recordaba el nombre que aparecía en la tarjeta que Ana le había entregado. Era la librería en la que la escritora realizaría la firma de libros. Tanto padre como hija se miraron un instante. Marcos volvió a perder el conocimiento.



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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Premio Liebster Awards


Quisiera agradecer a Jose Age su inesperada nominación de los Liebster Awards a mi 

blog. Es toda una sorpresa para mi.


Yo ya conocía su trabajo, y sigo sus publicaciones. 


Y quisiera aprovechar para animaros a conocer su blog.


https://relatosdescerebrados.blogspot.com.es/







Mis nomidados son:



http://vivenciasdesdemiatico.blogspot.com.es/  de Juan José Hernandez Maldonado










Espero y confío en que todo esté bien redactado y claro. Cierto es que hay centenares de blogs que se merecen ser nominados.
Un saludo a todos.





Las reglas oficiales de este premio los podéis mirar en:


http://liebsterawards.blogspot.com.es/p/reglas.html , que en síntesis son:



1.- Agradecer al blog que te ha nominado.
2.- Responder a un cuestionario que integra 11 preguntas.
3.- Nominar a 10, 11 o 20 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
4.- Avisar a los premiados de la concesión, bien en su blog o desde las redes sociales.
5.- Formular 11 preguntar a los blog que se han nominado.



Ahora  responderé a las preguntas de Jose Age:


1. - ¿Haces tu blog por diversión?
  
     Me gusta escribir. Y el que la gente lea lo que escribo es casi una necesidad más que una diversión.


2. - ¿A veces te da un poquillo de vergüenza de lo que has puesto, cuando ha pasado algún tiempo  y le hechas una mirada ? 

Nunca lo había pensado. Pero antes de publicar se revisa todo cien mil veces pues supongo que...no siento vergüenza después de algún tiempo.

3. - ¿Tienes envidia de algún otro blog?

  De ninguno


4. - Si a la anterior pregunta has respondido sí, ¿de cual, si es posible?

5. - ¿Tienes tiempo para leer los blogs de los colegas?

Siempre que puedo, por supuesto.


6. - ¿Tienes una de tus entradas en tu blog a la cual le tienes un cariño especial?

 Siempre hay alguna entrada  que gusta más que otra.


7. - ¿Te alegras cuando te dan un voto positivo o eres un tipo/a  duro/a y  pasas de eso/a?

 ¿Y a quien no le alegra que le den un voto positivo? Es un gesto muy de agradecer que el publico pierda tres minutos de su tiempo en leer alguna entrada del blog.

8. - ¿Te sorprende a veces que te lean?

  Me alegra mucho. Y me ayuda a seguir escribiendo.

9. - ¿Como llevas los niveles de "audiencia"?

 No me preocupa mucho.

10. - ¿Repasas los textos o los dejas tal como te han salido?

Por supuesto que se repasan. Aunque siempre al final hay algo mal que se cuela.


11. -¿Le vas a contar a tu pareja, amigo, compi de curro o lo que sea, que te han nominado a un premio por un blog que tú haces?

Claro.


Ahora...las once preguntas: 

      1-  Por que decidiste hacer un Blog?
    2- A quien Admiras entre La Blogosfera (Mundo del Blog)
    3- En que país te gustaría vivir?
    4- Por que crees te he Nominado a un Liebster?
    5- Tu mejor entrada?
    6- Tu peor entrada? (La que menos te guste)
    7- Blog Favorito
    8- De que te Gusta Escribir Mas En Tu Blog?
    9- Cada cuanto tiempo actualizas tu blog?
   10-  Lees y comentas otros blogs?
   11- Te gusta que el público comente tu blog?






martes, 29 de noviembre de 2016

CAPÍTULO 18 PARTE 2 REVELACIONES



Frente a R la espantosa imagen de Marcos. Era evidente que había sido víctima de una paliza o algo peor. Mostró su preocupación y sin apartar la vista del rostro herido, sentenció convencido de que lo mejor sería llevarlo a un hospital. A urgencias. Quizá tuviese algún hueso roto o hemorragia interna.

Estarían más tranquilos sabiendo que, aparte de los moratones, las hinchazones de la cara y el cuerpo, no tenía nada más grave. Pero Marta negó con la cabeza. Mientras R estaba de camino y ella limpiaba al joven toda la sangre con paños húmedos y cubría sus heridas, en la medida de lo posible, él le había dicho que no quería salir de su apartamento. 

https://pixabay.com/

La voz apenas era entendible incluso para Marta que estaba a su lado, pero le oía repetir que ya no había tiempo, que ya estaba muerto. Ya nadie podría salvarlo de su fatal destino. Lo había dicho sin apenas poder abrir los ojos. Sentía que los parpados le pesaban como si tuviese un par de anclas de un buque de la armada atadas a ellos. A la vez que intentaba no quejarse cuando la chica le pasaba con todo el cuidado posible el paño húmedo por las heridas.

Ahora, R lo observaba ligeramente retirado, a un par de metros. Guardaba silencio. Tenía las manos metidas en los bolsillos de su abrigo. No se lo había quitado al entrar, ni siquiera se lo había desabrochado. En el interior del apartamento se notaba bastante frío. Marta regresó de la cocina. 

Fue directa hacia su padre, y dobló los brazos junto a su pecho, síntoma igualmente de que sentía el frío. Marcos dormía en esos momentos. Hacía tan solo unos minutos, justo antes de que llegase R, que había encendido la calefacción y todavía tardaría un poco en calentarse el ambiente.

-Tenemos que hablar- murmuró la chica.

Se sentaron en la mesa. Antes, la chica se había acercado a comprobar cómo iba el joven. Parecía que dormía plácidamente. Aunque de vez en cuando su cuerpo sufría ligeros escalofríos, y su frente brillaba bajo el sudor que desprendía de manera incontrolada seguramente por la fiebre. Sobre la mesa, algunos libros que R retiró ligeramente hacia un lado.

-¿Salías con ese?- le preguntó en voz baja R cuando la chica se sentó a la mesa.

Marta resopló. Miró un instante de nuevo hacia donde descansaba Marcos para luego volver la atención a su padre.

-Es un buen chico, y muy inteligente- dijo en voz baja- solo que…

Le costó un poco continuar. R notó en su voz algo de nostalgia, algo que podría parecer preocupación por aquel joven, y lo último que quería el detective era que su hija se sintiese incomoda.

-Dime- cortó R con una ligera sonrisa.- ¿Tienes algo que contarme?

-Recuerdas el otro día cuando estuvimos tomando café. ¿Y me preguntaste si creía en los vampiros?- Marta intentaba hablar en voz baja. No quería despertar a Marcos.

-Si- R mostró un pequeño gesto de desaprobación, y como de no dar mucha importancia a ese hecho.- No me harías caso ¿verdad?

-Días antes vino a visitarme- confesó ella mirando un instante a su ex, para luego volver a mirar a su padre, ahora dibujando un gesto de preocupación- Vino con la estúpida historia de que tenía un problema: que le había mordido un vampiro.- Y resaltó con gran énfasis la última frase.

Casi al instante R dibujó en su mente las dos marcas que Pedro el informático tenía en el cuello el día que lo vio en el depósito. Pero no dijo nada, quería ver que le contaba su hija.

-¿Un vampiro?- preguntó intentando hacerse el despistado.

-Vamos pa… - la chica dudó un instante- Vamos R, él me dice que le ha mordido un vampiro y poco después tú me preguntas sí creo en ellos ¿casualidad?

-Claro que es casualidad cariño- R se negaba a meterla en medio de todo aquello, fuese lo que fuese que rodease la misteriosa muerte de Pedro el informático.- Yo te lo pregunté por curiosidad y lo de este pues…- miró a su alrededor mostrando con el brazo extendido el desordenado apartamento. Marta negó con la cabeza.

-No.-dijo completamente convencida- Soy periodista ¿recuerdas? O por lo menos intento serlo. Después de tu pregunta y con lo que me contó Marcos investigué un poco.

-¿Investigaste? ¿El qué?- R estaba preocupado por la chica.

-Sé que fuiste al depósito de cadáveres- dijo ella- y sé que no te dijeron la verdad.

-Continúa- R empezaba a ver que aquello podría resultar interesante.


-El tal Pedro no murió de dos disparos. Murió porque un vampiro lo mordió. Los disparos fueron posteriores, para cubrir el mordisco



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martes, 22 de noviembre de 2016

CAPÍTULO 18 PARTE 1ª REVELACIONES

Llamó al telefonillo, pero no obtuvo respuesta alguna tras unos segundos de espera. Insistió un par de veces más pero seguía sin tener respuesta. Miró a través del cristal de la puerta del edificio, y apenas podía llegar a verse el interior del portal. 

Todavía recordaba lo oscuro que era por dentro. ¿Por qué los vecinos no hacían nada por tener un portal con algo más de luz? Aquello parecía más un ataúd que otra cosa. Se trataba de un portal de forma rectangular. Extrañamente alargado, donde la escalera empezaba justo en el centro, a mitad del pasillo, antes de llegar al ascensor. Y al fondo, un viejo cuartucho con una vieja puerta de madera donde se guardaban los artilugios para el mantenimiento y limpieza del propio edificio. 

https://pixabay.com/

Al principio, nada más entrar en el portal había una especie de portería. Una pequeña oficina donde antaño algún portero atendía a los vecinos, al servicio de correos, a la señora de la limpieza. Pero ahora estaba abandonada. ¿Por qué se abandonaban ciertos oficios? Recordaba que Marcos se quejaba de que el propietario del edificio apenas se preocupaba de su estado, solo quería cobrar “religiosamente” a fin de mes y poco más. Que no le molestasen con tonterías como por el tamaño de las cucarachas o el escandaloso incremento de ratones y ratas. 

Marta apartó la cara del cristal. Miró a ambos lados de la calle, resoplando y esperando no tener que volver al trabajo sin haber logrado hablar con Marcos. Le había llamado al móvil, pero lo tenía desconectado. Apenas tenía una hora. Y necesitaba verlo. Se removió en el interior de su abrigo. Sentía el frío en la punta de la nariz, que seguramente tendría roja. Se había levantado un día bastante frío. 

No llovía, pero el invierno cada vez estaba más cerca y eso empezaba a dejarse notar. Por suerte la puerta del edificio se abrió. Una vecina salía toda “embutida” en un horrible abrigo de color rojo, guantes y bufanda también en color rojo. Arrastrando un carrito de la compra en una mano y un bolso negro colgando del hombro.

Marta evitó que la puerta se cerrase y entró. Todo bajo la atenta mirada de la mujer que no se fiaba mucho de quien podría ser aquella chica que quería entrar en su edificio. Poco después se detenía frente a la puerta del apartamento de Marcos. Llamó un par de veces. Su mano enguantada golpeando la puerta retumbó en todo el descansillo. No obtuvo respuesta alguna. Volvió a llamar, pero era evidente que no había nadie en el piso. 

Recordaba que ya no tenía llave desde hacía bastante tiempo, pero él siempre dejaba una “por si acaso” dentro de la caja del timbre. El timbre llevaba años sin funcionar, y tras retirar ligeramente la tapa, en su interior encontró la llave del “por si acaso”. Volvió a colocar la tapa. Entró en el apartamento. Cerró la puerta lentamente.

-¿Marcos?- preguntó avanzando hacia el salón.

Pero el joven no parecía estar. En el interior reinaba un macabro silencio. En la mesa de centro del salón había una caja vacía de pizza. Algunos restos, los bordes. Recordaba que los bordes de la pizza no le gustaban. El aire parecía estar viciado, como si llevase varios días sin ventilarse el apartamento. Las cortinas del salón estaban echadas. Y algunas prendas de vestir esparcidas por el suelo. El portátil sobre la mesa que tenía como escritorio junto a la ventana estaba apagado. Sin duda alguna aquello tenía una pinta bastante fea. Era como si Marcos llevase un par de días por lo menos sin acercarse por el apartamento. 

Y era una persona que vivía literalmente pegada al portátil. Sus pocos ingresos mensuales venían precisamente por trabajar con el portátil. Cruzó el salón y entró en el dormitorio. Tuvo que llevarse la mano enguantada hacia la boca y rápidamente retrocedió sobre sus pasos. En el suelo del dormitorio había esparcidos varios vómitos. Como de alguien enfermo.

-Oh, joder- Se quejó regresando al salón casi a la carrera e intentando expulsar de sus fosas nasales el asqueroso olor del vómito, que parecía clavarse en su interior.

Pero fue justo entonces cuando un ruido llamó su atención. Su corazón se aceleró un instante tras aquel susto inicial. Pero que pasó rápidamente al descubrir que aquel ruido no era tal sino la lejana y débil voz de Marcos que reclamaba su ayuda. Corrió por todo el apartamento siguiendo aquella débil voz. Hasta llegar al cuarto de baño, en donde lo encontró tirado en el suelo, medio desnudo, lleno de moratones, sangre seca, vomito, pegado por todo su cuerpo y brutalmente encogido en forma fetal. Gimoteando algo parecido al nombre de la chica. Marta se despojó tan rápido como le fue posible del abrigo y los guantes. Los dejó sobre el lavabo. Acto seguido cogió a Marcos por los brazos y resoplando y dibujando un marcado gesto en su rostro por el mal olor que desprendía el joven, lo trasladó hasta el salón, tumbándolo en el sofá.

R llegó al apartamento de Marcos apenas cuarenta minutos después de que su hija lo llamase. Por teléfono notó a Marta muy preocupada, y no dudó ni un solo instante en acudir a la llamada de la chica. Conocía la zona de la ciudad, confesó cuando ella le dio por teléfono la dirección del apartamento. Aplazó para la tarde siguiente una entrevista que tenía y en el primer taxi que logró parar en el denso tráfico del centro, se dirigió al barrio en donde se encontraba el apartamento.

Marta lo esperaba en el portal. Apoyada en el cristal de la puerta con los brazos pegados al cuerpo por el frío. Cuándo le vio bajarse del taxi salió a su encuentro.

-¿Ocurre algo?- Se interesó el detective. Entraron en el portal dirección al ascensor.


-Creo que está ocurriendo algo muy serio en la ciudad.- Entraron en el ascensor.

                                                Continuará



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martes, 15 de noviembre de 2016

CAPITULO 17 SOBRE J.CARRIER Y SUS VAMPIROS

J. Carrier describía en su libroDe vampiros y otras bestias nocturnas” paso a paso como era la transformación de un humano a vampiro. Decía, que dicho acto podía llegar a durar hasta cuatro semanas. 

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Todo dependía de si el humano soportaba bien o no la transformación. 


Era falsa, recalcaba con gran énfasis en su libro, la creencia de que el vampiro “extraía” o “bebía” la sangre humana en los primeros mordiscos. Era cierto que si solo quería morder para alimentarse entonces si bebía. Pero para convertir al humano, el vampiro tenía que introducir en su cuerpo el “gen vampírico”, como era conocido entre los caza vampiros.


La transformación no era otra cosa que la anulación de toda vida humana sin llegar a producir la muerte del cuerpo. Y no todos los cuerpos humanos lo soportaban. Los colmillos del vampiro tenían dos conductos internos, uno para beber y otro para expulsar. 

Y era por este último por el que introducía en varias ocasiones, de nuevo repetía J. Carrier que todo dependía del ser humano, el gen que lentamente iba matando la vida humana desde dentro del cuerpo. Una especie de “microbio” que poco a poco secaba literalmente la sangre del humano. Y este, desde el momento en que era víctima del primer mordisco, sucumbía a terribles alucinaciones, fiebres altísimas, paranoias, a la vez que su cuerpo empezaba a cubrirse de un insoportable olor a putrefacción. Signo inequívoco de que la transición a vampiro se realizaba sin problemas. 

En caso contrario, en caso de que el cuerpo humano no lo soportarse sencillamente entraba en coma a las pocas horas de ser mordido y terminaba por morir con fuertes convulsiones y vómitos.  

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También quería recordaros que  para quien pueda interesarle, en mi otro blog tenéis todas las semanas un mini curso de guión cinematográfico.
Solo tenéis que pinchar AQUI


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martes, 8 de noviembre de 2016

CAPÍTULO 16 LOS PRIMEROS MUERTOS

La noticia de la mañana fue sin duda alguna la aparición de dos cuerpos en un callejón brutalmente asesinados. La prensa tuvo especial cuidado a la hora de dar la noticia, y la policía desde el momento mismo que hicieron acto de presencia en la escena del horrendo crimen igualmente tuvieron cuidado de que ningún ciudadano se acercase a esa zona al menos a cincuenta metros a la redonda. 

Pero fue prácticamente imposible evitar que algunas fotografías o incluso imágenes en vídeo (tomadas de manera furtiva por vecinos escondidos) se subiesen a internet, o incluso se emitieran en algunas cadenas de tv sin escrúpulos, y los ciudadanos de la ciudad sin árboles pudieron ver aquellos cuerpos mutilados, con los brazos arrancados, trozos de carne tirados por el suelo, paredes llenas de sangre, cabezas arrancadas. 


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La policía acordonó toda la zona. A lo largo de la mañana y cuando los forenses y policías pudieron hacer su trabajo, fue solo entonces cuando varias ambulancias se llevaron los restos mortales. No había ni un solo cuerpo entero. Aquella escena resultaba dantesca.

A lo largo del día los informativos de televisión intentaron hacer memoria de los crímenes más brutales cometidos en la ciudad durante los últimos años, pero resultó imposible encontrar uno solo que se acercase lo más mínimo al de esa mañana. Cierta alarma social se instaló en los ciudadanos de la singular ciudad, cuando a lo largo del día noticias no oficiales salían a la luz por diversos medios y apuntaban a que la policía estaba completamente desconcertada por aquellas brutales muertes. 

Incluso llegado el atardecer y cuando las primeras sombras empezaban a cubrir en silencio las calles, el tráfico tanto de vehículos como de transeúntes descendió considerablemente.  Tanto en cafeterías como en los puestos de trabajo, incluso en paradas de autobuses y en las mismas calles, las gentes hablaban de los asesinatos. “Dicen que lo ha hecho una bestia que no es humana” comentaban algunos. “Se trata de un asesino fugado de una prisión” decían otros. “Los rajaron y se comieron los intestinos, incluso los ojos” aventuraban algunos, los más osados.

La rumorología hacia su trabajo a la perfección sin perder tiempo alguno, pero algo en común si tenían todos aquellos comentarios de los ciudadanos: y era el miedo. El miedo se había acoplado en sus cerebros casi al instante. Se había agarrado con fuerza sin intención de abandonar. En cuanto vieron que la propia policía no desmentía los rumores que se propagaban en televisión de que no tenían ni una sola pista sobre el caso. 

En cuanto vieron que el propio alcalde mostró su desconcierto y temor ante hechos tan graves como los que habían sucedido en aquel callejón. Y así, las gentes intentaban estar en sus hogares apenas se iba la luz del día. Todas las familias reunidas en los salones de sus viviendas. Incluso cuando iban a acostarse se acompañaban unos a otros. Porque el miedo se había infiltrado incluso en sus propios hogares.

El miedo reinaba en la ciudad sin árboles.

Y con más fuerza todavía cuando a la mañana siguiente, apenas veinticuatro horas después de encontrar los primeros cuerpos mutilados, una pareja fue brutalmente asesinada en su propio apartamento. En el lado oeste de la ciudad. Una zona de edificios de apenas seis pisos de altura y de color crema. Con bonitas terrazas y espaciosos parkings. 

Según comentaron los vecinos que encontraron los cadáveres, la sangre salía por debajo de la puerta principal de la vivienda. La policía tuvo que echar abajo la puerta cuando llegaron a la escena de lo que parecía un nuevo crimen, apenas quince minutos después de que les avisaran. Encontrando un panorama tan desgarrador, que hizo que un par de esos policías vomitasen allí mismo.

Se produjeron algunas manifestaciones en torno al ayuntamiento y las comisarías de policías. La gente exigía explicaciones. Exigían seguir con sus aburridas y simples vidas en aquella ciudad que hacía años había desaparecido toda la vida vegetal y en la que casi nadie se había preguntado el motivo. Hubo incluso detenciones en los transcursos de esas manifestaciones, pero al final les soltaban porque no existían motivos para su detención. Solo querían vivir tranquilos. Sin que ninguna bestia o asesino pudiese matarlos una noche cualquiera en un sucio y triste callejón. 

CAPÍTULO 15 (ANTERIOR)

lunes, 31 de octubre de 2016

CAPÍTULO 15 PARTE 2ª


NADIE CONOCÍA A PEDRO


En taxi se dirigió hacia su segunda entrevista. Alfredo, un editor que quiso acostarse con la escritora a cambio de publicar una de sus novelas bajo un generoso contrato. Ana contó al detective que efectivamente se había acostado una vez con él, pero después se arrepintió y lo dejó. 

Pero Alfredo la llamaba de vez en cuando. Comían juntos en algún restaurante del centro, pero nada más. Él insistía. De vez en cuando le compraba flores que enviaba a su casa. Pero desde que había conocido a Pedro su mente y su cuerpo estaban solo para el informático, había confesado ella. Y encontró al editor en su despacho. Aquella era una editorial pequeña, pero en la que según pudo ver R mientras lo conducían al despacho, al menos trabajaban en ella cuatro personas.

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Y casi media hora después, salió de la pequeña editorial exactamente igual que del anterior comercio visitado. Tachando de la lista a otro. Resultaba que solo se trataba de un pervertido, pero confesó que no estaba enamorado de esa mujer. Sabía que antes había sido un hombre lo cual le ponía mucho más cachondo. Pero no la quería. Solo quería follársela. Y solo lo había conseguido una vez. ¿Pedro? No. No, a ese no lo conocía. Ni siquiera había oído hablar a Ana sobre ese tal Pedro. Además, estaba casado y la mitad de la editorial pertenecía a su mujer. Ya no quería problemas de faldas. Llevaba unos meses en los que intentaba controlarse.

Al final, regresó a casa caminando y completamente abatido. Por suerte llevaba el paraguas, el cual lo protegía del agua que caía sin descanso aunque sin demasiada fuerza. No había mucha gente por la calle. El tráfico también se veía ligeramente reducido respecto a otros días igualmente laborales. La oscuridad de aquella tarde noche se veía interrumpida a cada paso por las luces de los comercios todavía abiertos. Algunos deseando que llegase la hora del cierre, otros atendiendo a los escasos clientes que se atrevían a ir de compras en un día tan lluvioso.


Pensó que quizá era el momento de averiguar si Pedro tenía amigos o compañeros de trabajo. Eva, si no recordaba mal, le había comentado que el informático no tenía parientes conocidos. Pero Pedro trabajaba para una empresa informática. Quizá alguien lo conociese en esa empresa. Y en medio de aquellos pensamientos se dirigió a su piso. Por la tarde le había llamado Isabel, y le dijo que lo estaría esperando. Vestida tan solo con aquellas braguitas negras que a él tanto lo excitaban, y un par de copas de vino en las manos.

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