martes, 21 de marzo de 2017

CAPÍTULO 25 PARTE 2 LA VENGANZA


Buenas tardes. 2ª parte del capítulo 25 de "La historia de la ciudad sin árboles".

Recordaros también que podéis descargaros la novela aquí.





Durante largos minutos saltó, corrió, voló, de un tejado a otro. La lluvia continuaba cayendo sobre su ciudad. Una ciudad de repugnantes seres humanos. La muerte de Marcos traería consecuencias. ¿Cómo se atrevía un simple humano a contradecirla? ¿Aunque fuese el mismo Marcos y con su propia muerte? Solo ella decidiría cuándo un humano en esa ciudad tenía o no que morir. Esa misma noche serían testigos los humanos lo que era capaz de hacer si las cosas no se hacían como ella deseaba.

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Los oscuros túneles del metro, entre estación y estación, eran el habitual refugio en el que algunos vagabundos solían dormir cada noche, sobre todo en el invierno. Casi todos los que allí acudían habían olvidado, a la fuerza, el significado de la palabra hogar. Y solo veían a esos fríos túneles como el único techo que los cobijaba de la lluvia, del frío. Y seguían acudiendo incluso después de los acontecimientos acaecidos días atrás. De las muertes producidas de manera violenta por alguna bestia salvaje. Muchos de sus amigos, conocidos, con los que antes habían compartido cartones y bidones encendidos, habían huido aterrados a los albergues que el ayuntamiento tenía habilitados. Pero otros habían preferido seguir con su vida como hasta ese momento. Sumergidos en sus miserias y cubiertos por una vieja y mugrienta manta, reconocían que no tenían nada que perder. Daba ya igual morir atacados por una bestia que arrollados por el metro o que en una pelea entre ellos mismos por unos cartones secos o una botella de vino malo.

De vez en cuando tenían las “molestas” visitas de los policías que patrullaban a lo largo de la noche. Estas visitas habían aumentado a raíz de los brutales asesinatos. La policía no tenía pistas, según la prensa, y eso hacía que cada noche algunas patrullas recorriesen los más oscuros rincones de la ciudad sin árboles. Esa noche, una pareja de policías se adentraron en la estación norte. Aunque el servicio al público del metro cesaba a las nueve y media de la noche, las estaciones permanecían abiertas. En cada estación al menos había dos agentes de vigilancia privada que velaban por la seguridad hasta las seis de la mañana, que era cuando empezaba a funcionar de nuevo.

Los dos policías bajaron del coche patrulla y tras anunciar por radio que se disponían a entrar en la estación norte, empezaron a bajar por las anchas escaleras. Durante el descenso, ninguno dijo nada. Se miraron un instante y continuaron bajando escaleras, recorriendo pasillos, volviendo a bajar escaleras hasta llegar al andén. No apartaban las manos de la cartuchera que les colgaba del cinturón. Al otro lado del cinturón, la radio chisporroteaba de vez en cuando algunas frases.

-Aquí abajo todo parece estar muy tranquilo.- Anunció por radio uno de ellos en un marcado tono de dejadez.

Volvió a colgarse la radio en el cinturón. Y continuaron andando, con la intención de tomar otra salida para volver al exterior. Se les hacía raro ver aquel sitio completamente vacío. Un sitio que normalmente estaba bastante concurrido de personas yendo y viniendo sin parar. Y ahora…unas tristes luces sobre las vías y otras de emergencias a lo largo de los andenes. Los bancos metálicos vacíos… los carteles publicitarios electrónicos apagados…

De repente, antes de abandonar el andén, uno de los policías se detuvo en seco. Miró fijamente un instante a su compañero, que cuando se percató de que avanzaba solo, se detuvo y se giró hacia su colega. Quien después de mirarlo, desvió la cabeza hacia las vías y el oscuro pasillo que se abría ante ellos a menos de seis o siete metros.

-¿Dónde están los vigilantes privados?-Preguntó claramente preocupado el policía volviendo de nuevo la mirada a su compañero.

-Pues…

-Están avisados de que pasaríamos- prosiguió retrocediendo sobre sus pasos y avanzando un poco por el andén.

-Ya sé que están avisados- Protestó el colega, que en esos momentos lo único que pasaba por su mente era salir de allí y regresar al coche patrulla.- Qué más…


Pero algo interrumpió el final de su frase. O más bien de su queja hacia el compañero. Un golpe seco, que retumbó en toda la estación. Ambos policías se echaron rápidamente de nuevo manos a las cartucheras, y no dudaron en sacar sus pistolas. Durante un segundo se miraron. Para después mirar hacia el oscuro túnel que tenían casi enfrente. Por donde las vías penetraban sumisas hacia una oscuridad silenciosa, mortecina, aterradora. El primer policía, con la otra mano cogió la linterna que colgaba junto a su radio y saltó decidido a las vías.


martes, 14 de marzo de 2017

CAPÍTULO 25 PARTE I VENGANZA

Gracias por visitar día a día mi blog. Capítulo 25 de La historia de la ciudad sin árboles.




Su puño izquierdo se cerró con extrema fuerza. La silenciosa rabia que invadía en esos momentos su cuerpo hizo que todos sus músculos se tensasen casi al extremo, dando la sensación que podrían atravesar la fina piel que lo cubría. Acababa de ver cómo el cuerpo del joven bloguero se precipitaba contra el vacío y fallecía al instante. ¿Qué había fallado? ¿Qué había hecho mal para que se produjese aquel inesperado final? 

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Durante un instante la rabia y la frustración la inmovilizaron por completo. No estaba acostumbrada a que sus planes se torciesen. Su cuerpo continuaba mojándose. Se hallaba de pie, sujeta a una de las chimeneas de un edificio cercano al del joven, justo al otro lado de la calle. Su ropa, un ancho vestido de color negro que le llegaba hasta los tobillos, se pegaba empapado a su figura. Sus pies descalzos reposaban sobre las viejas tejas del tejado del edificio. Cuando reaccionó, golpeó con el puño izquierdo cerrado la parte superior de la chimenea produciendo que parte de uno de los ladrillos se quebrase y cayeran varios trozos al suelo. 

Acto seguido saltó, y cruzando la lluvia de la noche cayó mansamente al lado del cuerpo sin vida del joven, apoyando las yemas de los dedos de las manos en el mojado asfalto y con las piernas dobladas, rozando prácticamente el suelo con una de las rodillas. Miró a su alrededor. Nadie parecía de momento haber oído la caída. Con cuidado cogió la cabeza de Marcos por el cuello y lo giró hasta encontrarse con su rostro. Una cara ensangrentada y bastante desfigurada por el golpe. Pero entonces vio que el ojo izquierdo se abrió ligeramente, ya que el globo ocular del ojo derecho parecía estar reventado. El joven no pudo articular palabra alguna. Pero ella no necesitó escuchar nada. La boca de Marcos intentó dibujar una sonrisa de victoria. No sería uno de ellos, uno como ella, parecía decir aquella sonrisa. A continuación su ojo izquierdo se cerró y el corazón dejó de latir.


Sin mediar palabra, y sintiendo que la rabia explotaba en su interior como nunca lo había hecho antes, volvió a los tejados de los edificios, pero antes de abandonar la zona de manera definitiva, algo hizo que se girase de nuevo hacia el cadáver del bloguero. Arriba en el tejado, con los pies pisando sobre las tejas y su cuerpo bajo la lluvia, giró el cuello y su rostro empapado de agua y rabia, descubrió una figura que descendía rápidamente de un coche y se agachaba junto al cadáver. 

Durante un instante la lluvia pareció detenerse, a la vez que el tiempo. Su mirada intensa se clavó en aquella figura, un hombre, que vestía un abrigo negro y sombrero. Durante un instante se preguntó quién sería aquel hombre que se interesaba por el triste y patético bloguero. Sus ojos no humanos intentaron ver más allá de la noche y la lluvia e intentar descubrir el rostro de aquel hombre.

Pero no le dio tiempo. Apenas unos segundos después aquel extraño abandonó el cuerpo sin vida del joven y entró corriendo al edificio. De su boca salió un pequeño rugido, que se mezcló con el sonido que a su alrededor hacían las gotas de agua al precipitarse con el tejado. Saltó al suelo. Cruzó la calle y entró en el edificio justo después de aquel hombre. Lo había hecho tan rápido que al entrar en el portal tuvo que frenarse pues todavía aquel extraño se encontraba en el primer tramo de escaleras. Y cuando aquel hombre golpeó la puerta para entrar, contempló en silencio y escondida pegada a la pared, como cogía a una chica en brazos. A ella si le pudo ver la cara. Una chica joven, muy bonita. Soltando un gruñido de rabia abandonó el edificio.


martes, 7 de marzo de 2017

CAPÍTULO 24 PARTE 3 EL TERROR Y LA MUERTE

Buenas tardes. 3ª y última parte del capítulo nº24 de La historia de la ciudad sin árboles.

Recordaros que también tenéis la novela disponible en Amazon, pinchando aquí.


Riguroso luto para el funeral de Marcos. Aferrada al brazo de su padre, Marta no podía apartar la mirada del nicho en el que el joven bloguero descansaba para los restos de los tiempos. Desde hacía ya cinco minutos, quizá más, todos los presentes, los pocos que acudieron a dar el último adiós al joven, se habían marchado uno a uno. Incluso los padres de este, que al abandonar el recinto, se abrazaron llorando a ella y confesando que su hijo había tenido suerte de conocerla, que el tiempo que habían estado juntos era cuando mejor había estado su pequeño, como le llamaba la madre.

La mañana tampoco acompañaba demasiado. En ningún momento dejó de caer agua. Una lluvia fina, sutil, mustia como el estado de ánimo de todos los presentes.

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Marta ni pestañeaba. La imagen del nicho cerrado ya, se mezclaba con la brutal y aterradora estampa del chico subido a la ventana y saltando. Incluso, aunque no llegó a verlo, su mente le jugaba una mala pasada y le dibujaba el momento exacto en el que el cuerpo se precipitaba contra la acera. Huesos rotos, cráneo partido, globo ocular reventado, un enorme charco de sangre alrededor diluyéndose con el agua de la lluvia. Y después, el mármol del nicho y el propio ataúd se volvían transparentes y el cuerpo sin vida de Marcos, tumbado, inmóvil. Con las manos sobre el pecho. Con los ojos cerrados y gesto de paz infinita, como si nada hubiese ocurrido nunca.

-Será mejor que nos vayamos- El detective bajó la mirada en busca de los ojos de su hija.

Con su mano izquierda sujetaba el paraguas que los protegía de la lluvia tanto a él como a la chica en esos momentos. Isabel estaba a su lado, y llevaba su propio paraguas.

-Ves a por el coche- sugirió Isabel casi en un murmullo dirigiéndose a su detective. Y la mano de Marta cambió de brazo, del de su padre al de Isabel, sin que la chica se percatase de aquel sutil movimiento, quedando a continuación bajo la protección del paraguas de Isabel y aferrada a su brazo. Una fugaz mirada de Isabel para comprobar que R se alejaba por una de las calles del cementerio, rodeado por las altas filas de los nichos al parking que el cementerio tenía.- Vamos pequeña es hora de irnos- dijo en voz baja volviendo su atención a la hija de su detective.

Pero Marta no parecía reaccionar. Parecía encontrarse exactamente igual, en el mismo estado en el que su padre se la encontró en el piso cuando la chica solo logró marcar el número sin llegar a poder decir a continuación ni una sola palabra. Al contestar R a la llamada temió lo peor. Gritó el nombre de su hija, pero al otro lado no se oía nada. Tan solo una especie de sonido bastante confuso, y que más tarde asociaría al aire y la lluvia que se colaba por la ventana abierta.

-¡Joder!- exclamó al ver el cuerpo sin vida de Marcos en la acera. 

Empapado por la lluvia, que diluía la sangre que salía de su cabeza y lo rodeaba, salpicado por la luz de una farola cercana, y quedando entre penumbras, como un fantasma que no se atreve a mostrarse. Corriendo escaleras arriba, saltando de dos en dos los escalones, llamó a urgencias por el móvil. Y apenas había dado la dirección, colgó. Golpeó la puerta del piso con el puño. 

Pero no espero a que lo abriesen. Arremetiendo con fuerza con su hombro la puerta cedió. “Marta, Marta” La puerta golpeó violentamente contra un mueble al abrirse, a la vez que llamaba a su hija. Pero el salón no era excesivamente grande, y apenas había avanzado tres pasos, la encontró tirada en el suelo, llorando en silencio. Casi en estado vegetativo. –Tranquila pequeña- dijo. Rápidamente se quitó el abrigo y cubrió a su hija con él, a la vez que la cogía en vilo y la trasladaba al dormitorio.

Las luces de la ambulancia iluminaron la calle, rompiendo el monótono silencio de la noche con su estridente sonido y ocasionando que algunos vecinos se asomasen por las ventanas y terrazas de los bloques adyacentes. Incluso algunos bajaron, protegidos con paraguas, y se arremolinaron cerca de la ambulancia y el coche patrulla que llegó casi a la misma vez.

-Regresen a sus casas, aquí no hay nada que ver- Un agente de policía, protegido con un chubasquero de color grisáceo intentaba que nadie de los allí congregados se acercasen demasiado a donde se hallaba el cadáver. Y les animaba a regresar a sus domicilios.

R atendió a la policía en el salón del piso. La puerta estaba abierta de par en par y algunos vecinos se asomaban curiosos a ver qué había sucedido en el interior. El casero con cara de sueño, pantalón de chándal y camiseta blanca de tirantes con algunas manchas de ketchup reseco, hablaba con otro policía en el pasillo. Mientras, R hablaba con un segundo policía en el salón, junto al sofá. Respondía tranquilamente y sin problemas a las preguntas del agente, quien en cuanto supo que era detective y que ejercía en la ciudad, cambió su actitud de torpe y cutre superioridad hacia una más cordial, casi de colegas. Mientras, en el dormitorio un médico examinaba a Marta. Finalmente salió y aconsejó a R no dejarla sola. Solo tenía un fuerte “shock” que pasaría solo, durmiendo mucho y cerca de su familia. Aunque si quería estar más tranquilo podía llevarla al hospital, pero que tampoco era necesario. Le había dado un fuerte calmante que la tendría durmiendo unas cuantas horas.

-Gracias- respondió al médico.- En cuanto pueda sacarla de aquí me la llevo a mi casa.


El limpia parabrisas del coche se balanceaba triste y pesadamente de un lado a otro de la luna apartando el agua de la lluvia. R había acercado el coche a la entrada del cementerio, justo a la vez que al fondo, al otro lado de la enorme puerta de hierro por la que se accedía al recinto, vio acercarse a Isabel llevando a Marta agarrada del brazo. Bajó del coche y salió a su encuentro. Con cuidado la ayudaron a entrar y sentarse en el asiento trasero y abandonaron el lugar camino de la ciudad, ya que el cementerio, ese en concreto ya que había dos, se encontraba en el lado oeste, casi a las afueras. 

lunes, 6 de marzo de 2017

Series de los 80 vs Series actuales

Hace unos días me regalaron la serie completa de los años ochenta V. Si, aquella en la que los lagartos intentaban invadir la tierra de manera algo torpe, todo hay que decirlo.


Llevaba muchos años sin ver de nuevo la serie. Y ahora, repasando los capítulos renace en mí (aunque en cierto modo nunca había muerto) mi pasión hacia esta gran serie de ciencia-ficción.
Es verdad que los efectos especiales y la postproducción en general de cada capítulo, ahora incluso nos hace soltar una pequeña sonrisa. Pero quedarse en los efectos especiales es algo…vacío, diría yo. Y me explico.

Escribo este post porque analizando la serie me he acordado de otras series de los ochenta (El coche fantásticoEl equipo AEl gran héroe americano…Macgyver…) en fin una larga lista de buenas series de las que la mayoría de nuestra generación guarda muy buenos recuerdos.
E irremediablemente las he comparado con muchas de las series que se hacen hoy en día, incluso con los reboot de algunas de ellas. ¿Qué tienen o mejor dicho, que no tienen estas nuevas versiones o reboot que pasan sin pena ni gloria por las cadenas de tv?



Para empezar se podría decir en su favor que hoy en día existen decenas de canales y centenares de series que cada día nos bombardean sin piedad. Pero también he de decir que para mí el “fallo” está en los guiones.
Si analizamos las historias o incluso los personajes de entonces y los comparamos con los de ahora, vemos que los primeros estaban reflejados como seres humanos. Quedaba muy claro que eran seres humanos, luchando unos contra el crimen otros contra la injusticia…etc. Las personas, los seres humanos dominaban todo. Controlaban los gobiernos…las empresas…organizaciones…



Pero ahora el papel se ha dado la vuelta de manera brutal. Es decir, el ser humano ha pasado a ser una simple herramienta de las corporaciones…de los gobiernos. Ahora siempre hay alguien, o algo, por encima del ser humano. El hombre ha pasado a ser prácticamente prescindible. No es el ser humano quien controla las multinacionales y gobiernos, son los mismos gobiernos…grupos empresariales…etc, los que parecen controlar al ser humano. Como si tuvieran vida propia.
El más claro ejemplo lo tenemos en la nueva serie de Macgyver. ¿Qué queda de la serie de 1985 protagonizada por Richard Dean Anderson? Yo diría que más bien poco por no decir nada. Solo el nombre.


ElEquipo A. Recuerdo las primeras temporadas de esta mítica serie: el oprimido buscaba a los mercenarios, porque su pueblo…granja…negocio…estaba amenazado por el “malo” de turno. ¿Quedaba algo de eso en la película protagonizada de Liam Neeson? En absoluto.

Lo mismo pasaba con el reboot de El coche fantástico, o con V. Misma carencia. El ser humano desaparecía, perdía el control de todo. Pasaba a ser una simple herramienta. Su papel lo podía interpretar fácilmente un robot.

Y por otro lado están “las ocupaciones” de los protagonistas. Veamos las de la serie V. Las “ocupaciones” de los protagonistas iban desde reporteros hasta científicos, pasando por “rateros”…amas de casa…padres de familia…

Ahora sin embargo encontramos que los personajes han dejado de ser simples civiles para ser: oficiales de policía…ex militares…agentes especiales… Todo…muy gubernamental y poco civil por decirlo de alguna manera. Es como si se quisiera separar de alguna manera y por algún motivo, lo civil de lo militar o gubernamental (no lo sé)

No sé si estaréis de acuerdo. Pero esos son detalles que he notado sobre todo en los reboot de las viejas series, que incluso han pasado a películas.


Estas líneas no intentan ser un artículo ni nada parecido. Es obvio. No soy periodista ni nada por el estilo. Solo expongo mi punto de vista. 

jueves, 2 de marzo de 2017

LA HIJA DEL PROTAGONISTA


Buenas tardes. Aquí os dejo un pequeño relato que viene incluido en RELATOS Y MICRORRELATOS.

También quisiera recordaros que podéis continuar cada semana en este mismo blog, la primera gran aventura del detective R en. "La historia de la ciudad sin árboles" pinchando aquí.


No quería enamorarse de la hija del protagonista de su novela. No entraba en sus planes. Reconocía incluso que al principio iba destinado a ser un personaje secundario, de dos capítulos como mucho. Pero al final, poco a poco, había ido cogiendo protagonismo. Su columna vertebral como personaje se iba afianzando a medida que las páginas iban siendo escritas. Era como si ella misma le susurrase a él lo que tenía que escribir. ¿Era por ello un mal escritor? No lo sabía. No tenía respuesta para esa pregunta. Solo estaba enamorado. Aunque la hija del protagonista de su novela viviese en un apartamento cutre y viejo del centro, aunque no fuese muy guapa, aunque fuese una chica que no saliese mucho.
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Pero al escribir, sus dedos se deslizaban no solo por el teclado, sino por ella misma. Por su piel, por su sonrisa, por sus sueños. Deseoso estaba te acabar con un capitulo en el que ella no aparecía para iniciar uno en el que sí estaba. O retomar uno inacabado en el que la protagonista absoluta era ella. Incluso sintió celos cuando la chica conoció a su vecino. Un joven pintor de ojos marrones que la enamoró esa misma tarde, en las escaleras del edificio. Que se atrevió a dibujarla desnuda en la cama, después de que sus cuerpos se enredasen llenos de amor en las sabanas. Tentado estuvo de hacerle caer por las escaleras. Tenía poder para eso. “Fue un extraño accidente” diría la policía al acudir a la llamada de socorro de quien encontrase el cadáver. Pero no pudo. No podía hacerle eso a la hija del protagonista de su novela. Se daba cuenta de que la quería demasiado como para verla pasar por ese desagradable momento. La única opción era hacerla feliz con las palabras. El pintor nunca abandonaría a la chica. Ese sería el sacrificio del escritor. Hacerla feliz, pero con otro. Uno que perteneciese a su mundo. Al infinito mundo de la tinta y el papel.

martes, 28 de febrero de 2017

CAPÍTULO 24 PARTE 2 EL TERROR Y LA MUERTE



Antes de nada, gracias por visitar el blog

Segunda parte del capítulo 24 de La historia de la ciudad sin árboles. Esta semana con una pequeña sorpresa. Un pequeño vídeo que he realizado para la historia

Y justo en ese momento todo cedió. La sensación de frío desapareció, al igual que sus manos dejaron de estar cubiertas por la “cosa” oscura y viscosa. Levantó su rostro con un movimiento seco y rápido. Sus manos ya no estaban pegadas al pomo. De nuevo se encontraba frente al espejo, con el rostro mojado por el agua que todavía sujetaba entre sus manos. En completo silencio y desconcertada separó las manos y el agua cayó lentamente al lavabo, desapareciendo por el oscuro agujero del desagüe. Aquello parecía haber sido una maldita pesadilla. La puerta del cuarto de baño estaba abierta, y después de secarse con la toalla salió. Sintió un gran alivio al cruzar el pequeño y oscuro pasillo del piso y dejar atrás el cuarto de baño. ¿Había tenido efectivamente una pesadilla? ¿Una visión? Fuese lo que fuese, sin duda alguna había resultado muy real. Aunque en ese momento en sus manos no quedase ni la más mínima sensación de frío.

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Avanzó por el pequeño pasillo hasta llegar al salón. Pero apenas había empezado a borrar de su mente el desagradable momento con la puerta del cuarto de baño, cuando de nuevo su corazón dio un vuelvo. Un vuelco tan brusco, tan violento, que tuvo la sensación de que a punto estuvo de caer al suelo. Su mirada se clavó hacia el ventanal del salón, completamente abierto de par en par. Los visillos se balanceaban de manera salvaje por el aire que entraba sin control alguno en el interior del piso. Pero tanto las ventanas abiertas cómo los visillos golpeados por el viento quedaron en un segundo plano en el preciso instante en que descubrió a Marcos de pie junto al ventanal, de espaldas a ella. Vestido tan solo con el pantalón vaquero, descalzo. La luna iluminando su piel blanquecina, su cuerpo casi esquelético, y el agua de la lluvia golpeándolo en silencio.

-Marcos- Marta gritó aterrada, llamándolo, y corriendo en su ayuda. Pero apenas a un metro y medio del joven se paralizó por el terror.

Marcos se giró hacia ella con movimientos lentos, pesados, extendiendo su brazo derecho y con la palma de la mano abierta. Con unos dedos extremadamente finos y alargados, casi esqueléticos. En un claro gesto de que se detuviese, de que no fuera en su ayuda. Sus miradas se encontraron. La de Marta completamente aterrada, sin poder pestañear. La de él, muerta. Vacía de toda vida, negra como el fondo de un pozo. Reflejando tranquilidad, incluso resignación. El agua de la lluvia continuaba colándose al interior del piso. Y el frío inundaba rápidamente todo el salón.


-Estoy muerto cariño. Lo siento.- La voz de Marcos brotó del fondo de su garganta, del fondo mismo de su alma, con extrema dificultad.




Sus agrietados y sangrantes labios apenas se movían. Su rostro blanquecino parecía más enfermizo que nunca. La piel de su rostro se había tensado, marcando de manera brutal incluso los mismos músculos, como si también los huesos de su cara lucharan por querer atravesar la mismísima piel. Apenas hacía cinco minutos que Marta lo había visto por última vez, durmiendo plácidamente como si de un niño se tratase, y ahora…ahora su rostro era idéntico al de un muerto de varias semanas. Unas lágrimas brotaron de los ojos de la joven, que no era capaz de moverse un solo centímetro, aunque su corazón gritase desesperado pidiendo ir en su ayuda. Pero sin poderse mover, y en completo silencio, vio como Marcos bajó lentamente el brazo y volvió la cabeza hacia el ventanal del salón. 

En un ágil salto se encaramó al borde, quedando de cuclillas, y acto seguido sin dudar, se lanzó al vacío. La chica no pudo ni gritar del miedo que le invadía en ese momento. Pudo oír el preciso instante en el que el cuerpo de Marcos se estrellaba contra la acera. Silencio en el interior del piso. Las lágrimas brotaron mudas de sus ojos y recorrieron sus mejillas hasta perderse en el cuello, haciendo que su visión se nublase durante unos segundos. Sintió como las fuerzas le fallaban en las piernas y terminó cayendo al suelo, llorando en silencio.

lunes, 27 de febrero de 2017

LUZ Y OSCURIDAD



Buenas tardes. Gracias por visitar mi blog. Mañana nuevo capítulo de "La historia de la ciudad sin árboles", mientras os dejo un relato breve que está incluido en RELATOS Y MICRORRELATOS, que podéis encontrar en Amazon.



Era una persona que le gustaba el frío. Sus días preferidos eran aquellos en los que la lluvia no daba tregua al ser humano. Aquellos en los que el cielo se teñía de gris desde el amanecer hasta el anochecer. Pero un día explotó. Sintió que necesitaba la luz del sol. 


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El brillo de la claridad de una mañana calurosa. Sentía como su mente se negaba a soportar un solo día más de tonos grises y oscuros. Luz, luz, luz cálida y brillante del sol.  Sin embargo su cuerpo se resistía a ese cambio, a esa exigencia que no se sabía de donde habría salido. En forma fetal, y tirado en el rincón más oscuro de su casa, aquel hombre lloraba porque su mente y su cuerpo habían entrado en un conflicto tan brutal que podría llegar a acabar con su vida. Miles de voces en su interior exigiendo luz, exigiendo oscuridad, luz, oscuridad, luz, oscuridad.

Sus manos temblorosas, su mirada borrosa por las lágrimas, su corazón amenazando con detenerse. Gritaba llamando a su amada, pero ella no estaba, nunca había estado allí junto a él. Y entonces ¿aquellas noches junto a ella? ¿Aquellos paseos otoñales por el parque? ¿Nada había existido?  Quería luz, deseaba oscuridad. Moriría. Ya llevaba varios días allí tirado, muerto. Nadie reclamaría su cuerpo. Nadie lo echaría de menos. Ni siquiera aquella joven y enamorada mujer que desde el jardín de su casa lo veía pasear cada tarde solo, por el campo, con la mirada clavada en el suelo y la mente no se sabía dónde. Rezando porque una de esas tardes se detuviese frente a su jardín.